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¿Podemos recomendar la realización de ejercicio físico en personas con ELA?

ESCLEROSIS LATERAL - 29 de mayo de 2026

Ya sabemos que realizar ejercicio físico es sinónimo de salud y bienestar en las personas, pero cuando hablamos de una enfermedad neurodegenerativa como es la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) nos pueden surgir dudas.

Aunque es una enfermedad aún sin cura, numerosos estudios muestran cómo la aplicación de nuevas herramientas puede ayudar a ralentizar la enfermedad y mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen. Se han creado unidades multidisciplinares especializadas que atienden diversos focos en la enfermedad, coordinando la fisioterapia, entrenamiento y nutrición, e incorporando terapias respiratorias y dando apoyo emocional al paciente.

Al ser una enfermedad que provoca la pérdida del control de la musculatura debido a la degeneración de neuronas motoras, el movimiento y el ejercicio deben trabajarse desde las primeras fases tras el diagnóstico. El ejercicio adaptado ayudará a preservar la movilidad articular y reducir la rigidez muscular. Además, contribuye a mantener la resistencia cardiovascular, favoreciendo la autonomía y mejorando el bienestar emocional, ya que se ven reducidos los niveles de estrés, ansiedad y el desánimo que acompaña en la enfermedad.

Como puntos claves en el desarrollo de un programa nos encontramos:

Adaptar el ejercicio a las fases de evolución de la enfermedad.

En las fases iniciales suele existir una mayor tolerancia del trabajo de fuerza y el ejercicio aeróbico, pero a medida que avanza la ELA será conveniente orientar las sesiones al trabajo de movilidad, ejercicios de respiración y trabajo postural que buscan el bienestar del paciente.

Entrenamiento de fuerza y ejercicios de respiración.

Al ser una enfermedad que avanza hasta la necesidad de asistencia respiratoria y movilidad reducida, introducir técnicas de respiración tanto en reposo como en patrones de movimientos básicos del entrenamiento fuerza (en la incorporación de movimientos que tengan transferencia al día a día) será esencial para mantener la función pulmonar el mayor tiempo posible.

Ejercicios de movilidad y estiramientos.

Que ayudan a mejorar la rigidez muscular y conservar la amplitud de movimiento. Al inicio de la enfermedad la independencia del paciente permite introducir sesiones de movilidad dinámicas y aisladas controladas por él mismo, pero a medida que van apareciendo limitaciones, las sesiones pasarán de ser acompañadas a ser asistidas por un fisioterapeuta especializado.

Controlar la fatiga y evitar el sobreesfuerzo.

Realizar ejercicio de manera excesiva, sin estructura y descansos programados empeora el estado físico del paciente. Es conveniente realizar sesiones más cortas y con más frecuencia semanal que entrenamientos largos y/o demasiado exigentes.

Teniendo en cuenta todos los puntos, el ejercicio físico sí está recomendado siempre y cuando se lleve a cabo con una rutina individualizada, supervisada por un profesional especializado y coordinado con los profesionales sanitarios del paciente, teniendo en cuenta la evolución de la enfermedad y las capacidades individuales.



Laura Carreño - Entrenadora CCAFYD Col. 60655 en Alimentación 3S.

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