PÁRKINSON - 2 de mayo de 2026
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que se manifiesta con síntomas motores como temblor en reposo, lentitud del movimiento, rigidez física, alteraciones de la postura y en la marcha, y pérdida de equilibrio. Su afectación puede ir más allá, desde la sensación de fatiga, dolores o molestias y trastornos del sueño.
Realizar ejercicio físico es una herramienta que, sumada a la medicación y el seguimiento clínico, ayuda a mantener las capacidades del paciente y mejorar su calidad de vida. Estimula de forma positiva las funciones motoras y cognitivas, y mejora el estado emocional del paciente. Entre los beneficios encontramos:
Mejora de la movilidad. Aumento de la capacidad articular combinada con una mayor elongación de la musculatura. Reforzando el control, la estabilidad y el equilibrio. Esencial para la prevención de lesiones y reducción del riesgo de caídas.
Fortalece la musculatura. El desarrollo de la fuerza contrarresta la debilidad y rigidez muscular, por lo que el ejercicio de fuerza será esencial a lo largo de la vida del paciente.
Mejora de las funciones cognitivas. Las personas que padecen la enfermedad experimentan alteraciones en el flujo sanguíneo cerebral, repercutiendo de forma directa en su calidad de vida. La evidencia ha demostrado que el ejercicio aeróbico aumenta el flujo sanguíneo cerebral, mejorando la memoria, velocidad de procesamiento y capacidad de atención, entre otros.
Mejora la higiene del sueño. Introducir en tu rutina actividades como nadar, realizar una sesión de estiramientos, salir a caminar o practicar yoga favorece el sueño reparador. También podemos aplicar técnicas de relajación que incitan al sueño justo antes de irnos a dormir. Por otro lado, debemos evitar exponernos a ejercicio de alta intensidad a partir de media tarde, para evitar sobreestimular el organismo.
Aumento de los niveles de energía. Iniciar el día con movimiento ayuda a mejorar los niveles de energía a lo largo del día. Además, mejora las capacidades físicas, por lo que hace al paciente más eficiente energéticamente, disminuyendo el gasto energético en las actividades cotidianas.
Impacto positivo en la salud mental. El ejercicio segrega endorfinas, reduciendo así los niveles de ansiedad y depresión, y mejorando el estado de ánimo y la confianza en uno mismo.
El desarrollo de la fuerza será clave. Con el objetivo de introducir patrones básicos que tengan transferencia a nuestro día a día, con el miembro inferior realizando, por ejemplo, sentadillas y peso muerto, y pasando por empujes y tracciones como pueden ser flexiones y remos con el miembro superior. Lo recomendado es una rutina de al menos 2-3 días por semana.
Actividades que requieran coordinación, equilibrio y control postural, donde podremos introducir disciplinas como el yoga, pilates o Nordic walking.
Realizar ejercicio aeróbico como caminar rápido, nadar o actividad física en bicicleta estática, a intensidad media y al menos durante 30 min 3-4 veces por semana.
Estas pautas puedan ayudar a integrar el movimiento en el día a día y de esta forma, poder mejorar u optimizar su calidad de vida.
Laura Carreño, Colegiada 60655, Entrenadora Personal en Alimentación 3S.
Redactado por:
Alimentación 3S