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Migraña y emociones: ¿El estrés me está hablando con estrés?

MIGRAÑA - 2 de mayo de 2026

El cuerpo humano tiene su propio lenguaje. Cuando el cuerpo expresa síntomas poco habituales – como pérdidas de conocimiento, dificultades cognitivas o dolores intensos y repentinos – solemos reaccionar de inmediato. Estos síntomas nos sorprenden, nos asustan y hace que reaccionemos con rapidez. Afortunadamente, sabemos escuchar cuando el cuerpo manifiesta de una forma muy clara y contundente que hay algo que no marcha bien.

A través de síntomas y sensaciones corporales, el cuerpo humano funciona como un sofisticado sistema de alarma que nos avisa cuando hay algo de nuestro funcionamiento que requiere atención y cuidado.

Pensemos, por ejemplo, en cómo las sensaciones posteriores a una comida o ciertas molestias digestivas nos informan sobre qué alimentos nos sientan bien y cuáles no. Lo mismo sucede con otros indicadores como la sensación de energía, el aspecto de nuestra piel o la calidad del cabello que pueden llegar a ofrecernos pequeñas pistas sobre nuestro estado de salud.

El desafío surge cuando en un mundo acelerado, saturado de estímulos y con altas demandas, el espacio de conciencia que queda libre para estar despiertos/as a estas percepciones es mínimo. Como resultado, solemos pasar por alto las señales sutiles del cuerpo hasta que los síntomas se intensifican. Podríamos decir que no escuchamos cuando el organismo “habla” sino cuando ya “grita”.

La migraña es quizá uno de los ejemplos más claros de este fenómeno. Se trata de un desorden neurológico de naturaleza crónica y con un alto poder incapacitante que, sin embargo, hemos llegado a naturalizar como algo normal y cotidiano.

Los esfuerzos suelen ir destinados a minimizar el dolor y su impacto en la vida, con el fin de poder seguir funcionando de la misma manera en la que está estructurada: con horarios imposibles, largas jornadas de trabajo, compromisos sociales y ritmos que rara vez dejan espacio al descanso.

Si entendemos el dolor como un lenguaje, podríamos preguntarnos:

  • ¿Qué me está queriendo decir este dolor?

  • ¿Puede tener alguna relación con lo que hago diariamente?

  •  ¿Cómo me estoy alimentando o cómo he descansado?

  •  ¿Qué tipo de tensiones emocionales estoy sosteniendo últimamente?

La migraña no aparece al azar. Aunque es un trastorno de origen multicausal, la migraña guarda una relación muy estrecha con el estrés, y en concreto, con la manera en la que hacemos frente al mismo. Hormonas como el cortisol y la adrenalina mantienen a nuestro sistema nervioso en hiperalerta y propician un terreno fértil para el desarrollo de las crisis.

El dolor, por tanto, invita a abrir un espacio a la reflexión. No se trata de renunciar a los recursos farmacológicos para poder aliviar los síntomas y mejorar nuestra calidad de vida sino de complementarlos con una actitud de autoescucha. Hacernos las preguntas pertinentes para poder identificar si hay algo de cómo estamos dirigiendo nuestras vidas que merezca ser revisado y cuestionado. Y desde ahí, poder tomar decisiones en nuestra vida que sean más respetuosas con nuestra salud mental y que por ende, tengan también un beneficio en el bienestar físico.

Redactado por:

Ana Gutiérrez Frutos

N.º. Col. M-33182. Psicóloga General Sanitaria

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