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Manejo de los cambios en el comportamiento en el Parkinson

PÁRKINSON - 6 de febrero de 2026

Cuando pensamos en síntomas de la enfermedad de Parkinson solemos asociarla principalmente a síntomas motores. Sin embargo, los cambios en el comportamiento y en el estado emocional también acompañan a esta la enfermedad y, en muchas ocasiones, pueden afectar de manera significativa en la vida diaria más incluso que las propias dificultades físicas. Desde la psicología, su abordaje resulta esencial para ofrecer una atención integral.

Cambios conductuales más frecuentes

Un diagnóstico de Parkinson puede ser muy diferente dependiendo del paciente, considerando la aparición de síntomas y su afección en el funcionamiento de la persona. Sin embargo, a lo largo de la evolución del Parkinson pueden aparecer distintas alteraciones conductuales y emocionales, entre las que destacan:

  • Depresión y ansiedad

  • Apatía y pérdida de motivación

  • Irritabilidad y baja tolerancia a la frustración

  • Problemas con el control de impulsos (compras, juego, conductas repetitivas)

  • Síntomas psicóticos en fases avanzadas

La evaluación psicológica

La intervención psicológica comienza con una evaluación continuada que defina el origen de los cambios observados. Es importante diferenciar entre síntomas emocionales como consecuencia de escuchar el diagnóstico, alteraciones derivadas de la neurodegeneración y posibles efectos secundarios de la medicación. Esta valoración facilita intervenciones más personalizadas y una adecuada coordinación con el equipo médico multidisciplinar.

Psicoeducación: comprender lo que te sucede

La psicoeducación es uno de los pilares fundamentales del tratamiento psicológico. Comprender que muchos cambios conductuales no son voluntarios ni dependen del esfuerzo personal permite al paciente reducir posibles sentimientos de culpa, frustración y conflicto familiar. Además, ayuda a ajustar expectativas y favorece una actitud más comprensiva y colaborativa de las personas que le rodean.

Intervención psicológica en los síntomas emocionales

La psicoterapia se adapta a la fase de la enfermedad y a las capacidades de la persona. Habitualmente se utilizan enfoques cognitivo-conductuales adaptados, centrados en:

  • La regulación emocional

  • La activación conductual frente a la apatía

  • El mantenimiento de rutinas estructuradas

  • El refuerzo de la sensación de autonomía y valía personal

En fases iniciales, estas intervenciones permiten al paciente ganar habilidades extra para ir lidiando con el avance de ciertos síntomas y, en muchos casos, ralentizarlos siendo también un tratamiento preventivo.

Manejo de conductas impulsivas y compulsivas

Las alteraciones del control de impulsos suelen provocar gran preocupación y desagrado en el que las sufre. Desde la psicología, el trabajo se centra en guiar a la persona a identificar por sí mismos los impulsos y las situaciones de alarma, favoreciendo una mayor conciencia de los patrones de su propia conducta.

Se utilizan técnicas de demora de la respuesta, estableciendo un breve espacio de tiempo entre el impulso y la acción, lo que permite bajar la intensidad del deseo de la acción y aumentar la capacidad de autocontrol. Igualmente, se entrenan estrategias de autorregulación emocional, ya que estas conductas suelen presentarse asociadas a emociones como la ansiedad, el aburrimiento o la frustración.

La modificación del entorno también ayuda en este apartado, se consensuan medidas con el paciente como el control del acceso al dinero o la estructuración de rutinas, siempre entendidas como estrategias de protección y no como castigos. La implicación del entorno familiar y la coordinación con el equipo médico son fundamentales para que este tipo de técnicas sean introducidas dentro de un contexto sin culpa y sensación de pérdida de independencia.

El papel del apoyo a cuidadores

Los cuidadores suelen experimentar una elevada carga emocional. El apoyo psicológico permite prevenir la sobrecarga, mejorar la comunicación y favorecer una convivencia más equilibrada, beneficiando tanto a la persona con Parkinson como a su entorno.

Los cambios en el comportamiento forman parte de la enfermedad y no definen a la persona. Contar con apoyo psicológico permite comprender mejor estos cambios, reducir el malestar emocional y afrontar el proceso con mayores recursos. Un abordaje temprano, comprensivo y coordinado mejora la calidad de vida y fortalece las relaciones a lo largo de la evolución del Parkinson.



Ana López Alonso Psicóloga General Sanitaria M-35894 en Alimentación 3S

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