VIDA SALUDABLE - 6 de febrero de 2026
La búsqueda de métodos para perder peso ha sido una constante a lo largo de los años: desde los más accesibles y conocidos como las dietas hipocalóricas y los planes de ejercicio físico, hasta las cirugías bariátricas dirigidas a aquellas personas con un mayor índice de grasa corporal como la manga gástrica o el bypass gástrico.
A este abanico se han sumado en los últimos años los medicamentos tipo GLP-1, cuyo desarrollo exponencial ha revolucionado el abordaje del sobrepeso y la obesidad y demuestran una pérdida de peso muy rápido y significativo.
En medio de toda esta vorágine de técnicas y métodos de intervención surgen fenómenos que si bien siempre han existido, se hacen más visibles o evidentes con los cambios corporales más bruscos. Hablamos de la experiencia de saber que se ha perdido peso pero sin llegar a sentirlo o percibirlo del todo.
Sí. Este fenómeno es lo que conocemos como distorsión de la imagen corporal.
Aunque suele reconocerse y asociarse a trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia, también parece cuando los cambios físicos son tan rápidos que el cerebro “no tiene tiempo de actualizarse”. Esta experiencia lejos de ser algo muy puntual, es una vivencia muy común en aquellas personas que experimentan un cambio muy brusco en su cuerpo pudiendo ser muy confuso para quienes lo experimentan.
En estos casos, la persona que lo vivencia sabe racionalmente que ha perdido peso (lo confirma la báscula, la ropa o los comentarios de familiares y amigos/as), pero la percepción interna es que sigue igual que antes. Esto se traduce en conductas como la incredulidad ante comentarios del entorno o elección de tallas mucho mayores de la actual.
La imagen corporal es la representación mental que cada uno de nosotros/as tenemos de nuestro cuerpo, y no siempre coincide con la realidad física. La imagen corporal se construye a través de los recuerdos, experiencias y registros emocionales que hayamos tenido en relación con nuestro cuerpo a lo largo de nuestra historia. Por ello, aunque nuestro cuerpo cambie, esta imagen no tiene por qué modificarse.
Uno de los “errores” más comunes es esperar un cambio de imagen corporal a través de un cambio corporal. En muchas ocasiones lo que algunas personas buscan con la pérdida de peso no es un cambio de cuerpo sino un cambio en la forma de sentirse consigo mismos/as.
No siempre un cambio corporal trae consigo un cambio en al forma de sentirnos o de vivirnos, sobretodo cuando esta manera de percibirnos está muy arraigada en experiencias o sensaciones tempranas que hemos vivido en relación con nuestra imagen.
Ajustar expectativas: Es importante entender que una pérdida de peso no siempre conlleva sentirse “mejor” con uno/a mismo/a o no de forma plena. Para ello es necesario un trabajo paralelo de autoestima e introspección.
Priorizar salud sobre la rapidez: La pérdida de peso ha de ser siempre saludable ¿qué pensaríamos si cogemos 10 kilos en un mes? Lo mismo aplica si los perdemos.
Basar cualquier método en un cambio de hábitos integral: El cambio duradero se asienta en la construcción de rutinas saludables y de autocuidado.
Buscar apoyo profesional: Si la distorsión de la imagen perdura en el tiempo y genera malestar, la psicoterapia puede ser una herramienta clave para tu proceso.
Redactado por: Ana Gutiérrez Frutos. N.º. Col. M-33182. Psicóloga General Sanitaria
Redactado por:
Ana Gutiérrez Frutos
N.º. Col. M-33182. Psicóloga General Sanitaria