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¿Has oído hablar de la alexitimia?

VIDA SALUDABLE - 18 de junio de 2026

¿Alguna vez has oído hablar de la “Alexitimia”?

Es uno de esos términos que quizá no nos suenan, pero con los que, paradójicamente, nos encontramos a diario. Te contamos a qué nos referimos:

¿Te ha pasado alguna vez que sientes algo pero no encuentras las palabras para expresarlo? En ocasiones, ocurre de una forma muy evidente: como cuando estamos contando cómo nos sentimos y, de pronto, nos quedamos mudos a la hora de poder describir lo que estamos experimentando. Otras veces, es más sutil y se manifiesta en el uso de palabras más generales, vagas o simplificadas para explicar una emoción mucho más compleja.

Te ponemos algunos ejemplos:

Hoy Sara ha recibido una gran noticia: ha sido seleccionada para un puesto de trabajo al que había aplicado meses atrás en otro país. Cuando le preguntan si está contenta, se queda callada y sonríe, con un nudo en el estómago. Cuando intenta explicarlo, solo acierta a decir que está “rara”. En realidad, Sara está sintiendo ilusión, alegría y miedo por no estar a la altura del cambio.

 

Gabriel vuelve a casa después de una comida familiar y comenta: “todo ha ido más o menos bien”. Su pareja, al percibirle apagado, le pregunta preocupada si le pasa algo. Él responde que no, que se nota cansado. En realidad, Gabriel viene decepcionado con su familia por algunos comentarios que ha recibido, y se ha sentido inseguro y distante con ellos.

Estos serían algunos ejemplos cotidianos de ALEXITIMIA, una dificultad para identificar y poner en palabras concretas las propias emociones.

Puede que te preguntes qué tiene que ver el vocabulario con la salud psicológica. Lo cierto es que es un tema más importante de lo que parece.

Pensemos, por ejemplo, en la comparativa entre nuestra cultura con algunas comunidades esquimales. ¿Sabías que los esquimales tienen múltiples palabras para referirse al color blanco? En su entorno, no es un detalle insignificante precisamente: es una cuestión de supervivencia. Diferenciar los distintos tipos de nieve puede marcar la diferencia. Para nosotros, por el contrario, no es necesario y por ello lo resumimos todo en una única palabra: “blanco”.

Con las emociones ocurre algo parecido, lo que no se nombra, a efectos prácticos es como si no existiese.

Por ello, si no estamos habituados a utilizar palabras para describir cómo nos sentimos podemos vernos resumiendo con la palabra “ansiedad” estados emocionales tan diferentes como enfado, miedo, decepción, frustración, estrés o rechazo.

Encontrar las palabras concretas para describir nuestro estado emocional es clave a la hora de:

  1. Entendernos a nosotros/as mismos/as
    Cuando tenemos palabras, tenemos también más información sobre qué nos está sucediendo en cada momento.

  2. Orientarnos hacia lo que necesitamos
    Las emociones son la brújula para entender qué necesitamos. Si estamos tristes, enfadados, cansados o asustados nos da pistas sobre cómo cuidarnos.

  3. Favorece la comunicación
    Si nosotros sabemos cómo nos sentimos y además tenemos palabras para expresarnos, claramente es más fácil poder transmitírselo a los demás.

En la infancia vemos claramente la importancia de enseñar a identificar y nombrar emociones. Sin embargo, a menudo olvidamos que a los adultos también nos cuesta. Teniendo en cuenta que el mundo emocional del adulto es tremendamente complejo (podemos sentir no dos, sino tres o cuatro emociones al mismo tiempo) resulta importante ponernos al día con este “vocabulario emocional”.

Nos despedimos con una pregunta, y tú…: Más allá de estar “bien”, “mal”, “ansioso/a” o “cansado/a”, ¿sabrías decir con precisión cómo te sientes ahora mismo?

Redactado por:

Ana Gutiérrez Frutos

N.º. Col. M-33182. Psicóloga General Sanitaria

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