HIPERTENSIÓN - 18 de junio de 2026
El café por la mañana, una bebida energética o una copa de vino al final de la semana forman parte de la rutina de muchas personas. Sin embargo, cuando existe hipertensión o tendencia a tener la presión arterial elevada, surge una duda muy frecuente: ¿la cafeína y el alcohol realmente afectan a la presión arterial?
La respuesta es sí, aunque depende mucho de la cantidad, la frecuencia y de cómo responde cada organismo. La cafeína es un estimulante presente en el café, té, bebidas energéticas y algunos refrescos. Su efecto más conocido es aumentar el estado de alerta, pero también puede provocar una subida temporal de la presión arterial. Esto ocurre porque estimula el sistema nervioso y favorece la liberación de adrenalina, haciendo que los vasos sanguíneos se contraigan ligeramente.
Sin embargo, la evidencia científica muestra que este aumento suele ser más notable en personas que consumen cafeína de forma ocasional o que son especialmente sensibles a ella. En quienes toman café regularmente, el cuerpo desarrolla cierta tolerancia y el impacto sobre la presión arterial suele ser menor. Además, el consumo moderado de café no parece asociarse con un mayor riesgo de hipertensión en la mayoría de personas sanas.
Entonces, ¿cuánta cafeína se considera segura? En general, hasta unos 400 mg al día, que equivalen a 3 o 4 cafés, suele considerarse una cantidad moderada en adultos sanos. Aun así, no todas las personas toleran igual la cafeína. Si notas palpitaciones, ansiedad, insomnio o subida de tensión tras consumirla, probablemente necesites reducir la cantidad. Con las bebidas energéticas habría que tener mayor cuidado ya que pueden contener dosis muy elevadas de cafeína y azúcar.
En el caso del alcohol, la relación con la presión arterial es más clara. El consumo frecuente y elevado de alcohol se asocia con un mayor riesgo de hipertensión. Aunque una ingesta puntual puede producir inicialmente una ligera bajada de la presión arterial, el efecto a medio y largo plazo suele ser el contrario, un aumento de la tensión arterial y mayor riesgo cardiovascular.
Además, el alcohol puede afectar al sueño, favorecer la inflamación y alterar hábitos alimentarios, factores que también influyen en la salud cardiovascular. El riesgo aumenta especialmente con el consumo excesivo, sobre todo el fin de semana.
Desde el punto de vista nutricional, el objetivo no tiene que ser eliminar completamente el café o el alcohol en todos los casos, sino aprender a consumirlos con moderación y observar cómo responde nuestro cuerpo. Dormir bien, mantener una buena hidratación, reducir el estrés y seguir una alimentación equilibrada rica en frutas, verduras, legumbres y grasas saludables tiene un impacto mucho más importante sobre la presión arterial que centrarse únicamente en un alimento o bebida concreta.
También es importante recordar que muchas veces la “falta de energía” no se soluciona aumentando el consumo de cafeína. El cansancio mantenido puede estar relacionado con falta de descanso, estrés, una alimentación desequilibrada o incluso déficits nutricionales. En estos casos, abusar del café o de las bebidas energéticas puede acabar empeorando el problema a largo plazo.
En definitiva, tanto la cafeína como el alcohol pueden influir en la presión arterial, especialmente cuando se consumen en exceso. Escuchar las señales del cuerpo, moderar las cantidades y mantener hábitos saludables es clave para proteger la salud cardiovascular a largo plazo.
Giannina Castro Mendez Dietista-Nutricionista Col.00304 en Alimentación 3S.
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Alimentación 3S