ENF. DE CROHN - 24 de abril de 2026
Cuando una persona con enfermedad inflamatoria intestinal, como Crohn o colitis ulcerosa, entra en fase de remisión, los síntomas mejoran o incluso desaparecen. Sin embargo, esto no significa que la enfermedad haya desaparecido. La alimentación en esta etapa es clave para mantener la estabilidad intestinal y prevenir recaídas. La evidencia científica muestra que la dieta no sustituye al tratamiento médico, pero sí juega un papel importante en el control de los síntomas y en el mantenimiento de la remisión.
Uno de los principales objetivos en esta fase es evitar dietas excesivamente restrictivas. Es habitual que muchos pacientes eliminen numerosos alimentos por miedo a que les sienten mal, pero esto puede aumentar el riesgo de déficits nutricionales. Por eso, el enfoque actual se basa en una alimentación variada, equilibrada y adaptada a la tolerancia individual.
Durante la remisión, la introducción progresiva de fibra es muy importante. La fibra, sobre todo la soluble (presente en alimentos como avena, plátano o zanahoria), ayuda a mejorar el tránsito intestinal y favorece el equilibrio de la microbiota, algo fundamental para la salud digestiva. Además, contribuye a la producción de compuestos con efecto antiinflamatorios en el intestino como el ácido butírico. Sin embargo, debe introducirse poco a poco y según tolerancia, ya que no todos los pacientes responden igual.
Diversos estudios sugieren que apostar por un patrón de alimentación antiinflamatorio puede aportar beneficios. Dietas tipo mediterránea o basadas en alimentos frescos, ricas en frutas, verduras, pescados azules, aceite de oliva y reducida en ultraprocesados, pueden ayudar a mantener la remisión y mejorar la salud intestinal. Estas dietas favorecen una microbiota más diversa y estable, lo que se asocia con menor inflamación.
Además, es importante prestar atención a los micronutrientes. Incluso en remisión, las personas con enfermedad inflamatoria intestinal pueden presentar déficits de vitaminas y minerales como hierro, vitamina D o zinc. Por eso, una alimentación completa y, en algunos casos, añadiendo suplementación pautada por un profesional son fundamentales.
En algunos pacientes, pueden persistir síntomas como hinchazón o molestias digestivas a pesar de estar en remisión. En estos casos, estrategias como una dieta baja en FODMAPs pueden ser útiles de forma temporal para controlar estos síntomas, pero no están diseñadas para mantener la remisión ni deben mantenerse a largo plazo sin supervisión. Es importante tener en cuenta que no existe una dieta única válida. Cada paciente tiene diferentes tolerancias, historia clínica y necesidades nutricionales. Por eso, la personalización es clave y el acompañamiento por parte de un profesional especializado es lo que marca la diferencia.
En resumen, durante la remisión el objetivo es recuperar una relación equilibrada con la alimentación. Apostar por una dieta variada, rica en alimentos frescos, introducir fibra de forma progresiva y evitar restricciones innecesarias son estrategias fundamentales para mantener la estabilidad intestinal. Con un enfoque individualizado, la alimentación puede convertirse en una gran aliada para prolongar el bienestar y mejorar la calidad de vida.
Giannina Castro Mendez MAD00304 Dietista-Nutricionista en Alimentación 3S.
Redactado por:
Alimentación 3S