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Diabetes y altas temperaturas: qué conviene tener en cuenta durante el verano

DIABETES - 24 de julio de 2026

El verano suele traer cambios de horarios, comidas fuera de casa, viajes y más tiempo al aire libre. Para las personas con diabetes, disfrutar de esta época no exige vivir pendiente del termómetro, pero sí prestar algo más de atención a ciertos aspectos cotidianos. El calor, la humedad y la modificación de las rutinas pueden influir en la hidratación, los niveles de glucosa y la conservación de la medicación o los dispositivos.

Calor, hidratación y glucosa

Con temperaturas elevadas, el organismo pierde más líquido a través del sudor. Las personas con diabetes pueden deshidratarse con mayor facilidad y, cuando no se reponen suficientes líquidos, la glucosa en sangre puede aumentar. A su vez, una glucemia elevada puede favorecer una mayor pérdida de agua a través de la orina.

La clave está en beber con regularidad, sin esperar siempre a tener mucha sed. El agua suele ser la mejor opción para hidratarse, aunque las necesidades varían según la edad, la actividad física, el estado de salud y los medicamentos que se utilicen. Si existe alguna indicación médica que limite la ingesta de líquidos, es importante seguirla y consultar cualquier duda con el equipo sanitario.

Observar los niveles con algo más de atención

El calor puede modificar la forma en que el cuerpo utiliza la insulina, pero su efecto no es igual en todas las personas. También influyen otros cambios frecuentes en verano, como comer a distintas horas, realizar más o menos ejercicio, dormir peor o consumir alcohol.

Por ello, puede resultar útil revisar la glucosa con mayor frecuencia durante los días muy calurosos, especialmente al hacer actividad física o cuando los valores se comportan de manera diferente a lo habitual. Esto no significa modificar el tratamiento por cuenta propia. Si aparecen hipoglucemias o hiperglucemias repetidas, lo adecuado es consultar cómo adaptar las pautas de forma segura.

Adaptar la actividad física

Mantenerse activo sigue siendo beneficioso durante el verano, aunque es preferible evitar las horas centrales del día y elegir momentos más frescos, como primera hora de la mañana o el atardecer. En jornadas de calor intenso, otra posibilidad es realizar la actividad en un espacio interior bien ventilado o climatizado.

Quienes utilizan insulina o medicamentos que pueden provocar hipoglucemias deberían llevar consigo lo que emplean habitualmente para corregirlas y comprobar su glucosa siguiendo las indicaciones recibidas. El sudor, el cansancio o el mareo también pueden confundirse con algunos signos de bajada de glucosa, por lo que medirla ayuda a saber qué está ocurriendo.

También conviene prestar atención a los pies en la playa o la piscina. Utilizar un calzado adecuado ayuda a prevenir cortes o quemaduras que podrían pasar desapercibidos cuando existe pérdida de sensibilidad.

Proteger la insulina y los dispositivos

La insulina, otros medicamentos, las tiras reactivas, los medidores, las bombas y los sensores también pueden verse afectados por temperaturas extremas. No deberían dejarse al sol, en la playa ni dentro de un vehículo, donde el calor puede alcanzar niveles muy elevados.

Las condiciones de conservación dependen del producto y de si está abierto o sin usar. Por eso, es importante revisar el prospecto y las instrucciones del fabricante. Si se utiliza una bolsa térmica, la insulina no debe colocarse directamente sobre hielo o acumuladores fríos, ya que también puede deteriorarse si se congela. La medicación no debería interrumpirse ni modificarse debido al calor sin consultar antes con un profesional sanitario.

Cuándo conviene pedir ayuda

Sed intensa, sequedad de boca, debilidad, mareo, dolor de cabeza o una orina más oscura pueden indicar deshidratación. Ante confusión, desmayo, vómitos persistentes, temperatura corporal muy elevada o un empeoramiento rápido, es necesario buscar atención médica.

El objetivo no es convertir el verano en una sucesión de precauciones, sino anticiparse a los cambios que puede traer el calor. Mantener una hidratación regular, adaptar algunas rutinas y conservar correctamente el tratamiento permiten disfrutar de esta época con mayor seguridad y tranquilidad.



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