MIGRAÑA - 25 de junio de 2026
La migraña o jaqueca es un trastorno crónico discapacitante del sistema nervioso cuyo síntoma principal es la aparición de un dolor de cabeza intenso. Su duración puede oscilar entre las horas y los días enteros. Se produce cuando el tejido que recubre el cerebro se inflama porque el nervio encargado de transmitir la sensibilidad de la cabeza conecta con él, provocando la sensación de dolor.
En el mundo hay millones de personas que la padecen. Los dolores de cabeza que produce esta enfermedad pueden llegar a resultar incapacitantes, por lo que supone un importante impedimento de cara a mantener una rutina diaria normalizada.
La dieta para la migraña puede ser un apoyo importante para reducir la frecuencia o intensidad de las crisis en algunas personas. Aunque la alimentación no siempre es la causa principal, sí puede influir como desencadenante cuando se eligen mejor los alimentos y se mantienen hábitos regulares.
Comprender qué relación existe entre la migraña y la alimentación permite tomar decisiones más útiles en el día a día. Saber qué alimentos evitar, cuáles pueden resultar más recomendables y cómo identificar los propios disparadores puede marcar una diferencia real en la prevención de los episodios. Se ha comprobado que una alimentación saludable puede jugar un papel muy importante, ayudando a prevenir los episodios de dolor provocados por la migraña.
Si bien no existe una lista cerrada que afecte a todas las personas por igual, si hay ciertos alimentos que se relacionan con mayor frecuencia con la aparición de migrañas en personas susceptibles a padecer esta patología. La clave está en observar si existe una relación repetida entre su consumo y la aparición de los síntomas.
Entre los alimentos a evitar para las personas propensas a sufrir ataques de migraña, encontramos el chocolate, alcohol, quesos curados, carnes y embutidos procesados y bebidas energéticas, entre otros.
Por el contrario, es importante priorizar el consumo de alimentos frescos, poco procesados y bien repartidos a lo largo del día. Una alimentación ordenada puede ayudar a mantener la energía estable, evitar largos periodos de ayuno y reducir algunos factores que agravan las crisis. Conviene destacar el consumo de verduras, frutas y hortalizas frescas, legumbres, pescado, huevos, aceite de oliva virgen extra, así como beber suficiente cantidad de agua.
Además de controlar la alimentación, preferiblemente con ayuda de un nutricionista, también es recomendable evitar el ayuno, dormir las horas suficientes y organizarte tu día a día para evitar las situaciones de estrés.
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