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¿Por qué todo el mundo habla ahora de regulación emocional?

VIDA SALUDABLE - 25 de junio de 2026

Si nos sigues desde hace un tiempo, es posible que hayas escuchado hablar de este término en más de una ocasión.

Lo hemos utilizado para hablar de la infancia y el manejo de sus emociones, de los adultos que recurren a diferentes estrategias como el tabaco o la comida para aliviar su malestar, o enfocado a diferentes patologías en las que el abordaje emocional juega una papel muy importante.

Por ello, en este artículo queremos detenernos a dar más voz a la que es la base de muchas de nuestras divulgaciones: la regulación emocional.

LO PRIMERO: ¿QUÉ ES LA REGULACIÓN EMOCIONAL?

Entendemos por regulación emocional el proceso mediante el cual las personas gestionamos nuestras emociones. Se trata de la capacidad de identificar y atender a lo que sentimos, transitarlo de forma modulada y dar respuesta a lo que necesitamos.

Se trata de algo tan automático, tan inmediato y tan aprendido que muchas veces lo reproducimos sin darnos cuenta. Sin embargo, nuestra capacidad para regular las emociones es esencial para nuestro funcionamiento.

¿Te has preguntado alguna vez qué haces cuando sientes alguna emoción incómoda?

¿Te has fijado si hay emociones que te resulta más fácil sentir que otras?

QUE SÍ Y QUÉ NO ES REGULACIÓN EMOCIONAL

Cuando hablamos de “regulación emocional” es frecuente imaginarnos a una persona tranquila, en calma y con la capacidad de controlar lo que siente.

Sin embargo, tranquilidad NO es sinónimo de una buena regulación emocional. Regular una emoción no consiste en evitarla, controlarla o hacer que desaparezca. Más bien implica experimentarla, entender qué nos sucede y utilizar esa información para actuar en según qué situaciones.

Dicho de otra manera: regular una emoción no es dejar de sentirla, sino aprender a escucharla.

Te lo explicamos con el ejemplo de Juan:

Juan, tiene 32 años y lleva dos años experimentando sensaciones de agobio, mareos, falta de aire y una sensación generalizada de inquietud. Al principio, lo atribuía al comienzo de sus estudios, pero según pasa el tiempo no termina de sentirse mejor. Poco a poco, empieza a pensar que tiene un “problema de ansiedad”.

Sin embargo, cuando nos detenemos a ver su situación, aparece algo importante: Juan empezó la carrera impulsado por el deseo de sus padres cuando a él, en realidad, le hubiese gustado estudiar algo muy diferente.

Juan no está acostumbrado a detenerse y escucharse. Escucharse implicaría reconocer que hay una parte de sí mismo que no está en el lugar en el que desearía estar. Por lo tanto, para Juan escucharse es todo un desafío, implicaría asumir la responsabilidad de tomar una decisión.

Escuchar nuestras emociones a veces nos obliga a enfrentarnos a decisiones, conflictos o cambios que preferimos evitar. Por eso, en muchas ocasiones, terminamos culpando a nuestras emociones.  

¿Y SI LA “ANSIEDAD” NO ES EL PROBLEMA?

La ansiedad suele ser la sensación de tensión corporal de la que primero nos percatamos. Una sensación incómoda, de tensión, de agobio que parece querer llamar nuestra atención sobre algo.

En muchas ocasiones, la ansiedad no es más que la parte visible de algo más profundo. Debajo de ella pueden encontrarse otras emociones como el miedo, la culpa, la tristeza o el enfado que no estamos pudiendo identificar y expresar.

Si tuviésemos la opción de pulsar un botón que apagase nuestras sensaciones incómodas, posiblemente lo haríamos sin pensarlo dos veces. Sin embargo, ¿cómo sabríamos que un alimento está en mal estado antes de comerlo si no fuera por el asco que sentimos ante de su olor o aspecto? O ¿por qué buscaríamos dar un rodeo para cruzar una carretera si no fuera por el miedo que sentimos y que nos aleja de cruzar la autopista?

Emociones desagradables de sentir como el asco, la angustia, el miedo, la soledad, la tristeza, todas ellas tienen su propia función evolutiva que nos permite sobrevivir con éxito.

LA PROPUESTA DE UNA MIRADA DIFERENTE

Estamos tan acostumbrados a intentar eliminar aquello que nos resulta incómodo que olvidamos que las emociones cumplen una función evolutiva. Son una fuente de información sobre nosotros mismos.

En el ejemplo del asco ante un alimento está claro: nuestro cuerpo nos transmite un mensaje: ¡para, no te lo comas!

Cuando sentimos ansiedad, sin embargo, pocas veces nos detenemos a hacernos las preguntas necesarias para comprender qué nos está ocurriendo.

Como cualquier habilidad, la regulación emocional está sujeta a práctica y entrenamiento. Por ello, te dejamos algunas preguntas que te ayudarán a mejorar tu escucha emocional:

1. Para conectar con tu cuerpo

  • ¿Cómo noto el cuerpo? ¿Noto tensión en alguna zona del cuerpo?

  • ¿Cómo me siento?

  • ¿Es una emoción que va para afuera o para dentro?

2. Sobre la identificación emocional

  • ¿Cómo podría llamarse esta sensación?

3. Sobre entender qué me quiere decir

  • ¿Qué me pide el cuerpo, correr, arroparme, dormir, gritar, abrazar?

  • ¿Estoy necesitando algo?

Redactado por:

Ana Gutiérrez Frutos

N.º. Col. M-33182. Psicóloga General Sanitaria

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