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Cuidando de los que cuidan: familiares de pacientes con cáncer de colon

CÁNCER DE COLON - 16 de enero de 2026

Cuando un ser querido recibe el diagnóstico de cáncer de colon, todo el entorno se ve afectado. No solo cambia la vida de quien enferma, sino también la de quienes lo acompañan. De un día para otro, los familiares se convierten en cuidadores: organizan citas médicas, acompañan a pruebas, sostienen el ánimo y tratan de ser un apoyo constante. Pero detrás de esa fortaleza, suele haber cansancio, miedo, incertidumbre y, a veces, culpa por no poder con todo.

Desde las secuelas psicológicas que puede acarrear el familiar, sabemos que cuidar implica una carga emocional profunda. Es normal sentirse agotado, tener momentos de irritabilidad o sentir tristeza sin entender muy bien por qué. No son señales de debilidad, sino una respuesta humana a una situación exigente. Por eso, el primer paso es validar lo que sentimos: reconocer que hacerlo todo perfecto es imposible, y que estar presente, incluso con dudas o cansancio, ya es un acto inmenso de amor.

El proceso de aceptación comienza desde el diagnóstico y atraviesa varias etapas: el impacto inicial, la adaptación al tratamiento, la recuperación tras las cirugías y, en algunos casos, la convivencia con una bolsa de ostomía. Cada una de estas fases implica pérdidas, ajustes y aprendizajes. Aceptar la enfermedad y los cambios físicos no es un acto puntual, sino un proceso continuo, que se renueva con cada etapa del camino. Y ese proceso no solo lo vive el paciente: también lo viven sus familiares.

El cuidador observa cómo la persona que quiere cambia física y emocionalmente: puede estar más cansada, más irritable o más retraída. A veces la dinámica familiar se modifica, y las conversaciones giran casi exclusivamente en torno a la salud. Es normal que aparezcan sentimientos de tristeza o nostalgia por la vida anterior. Estos cambios generan duelo: duelo por la rutina que ya no existe, por el cuerpo que ha cambiado o por la relación que se transforma. Reconocer ese duelo es clave para poder afrontarlo sin culpa.

Cuando el tratamiento o la cirugía implican el uso de una bolsa de ostomía, la adaptación suele ir acompañada de emociones intensas: vergüenza, inseguridad, miedo a ser rechazado. El cuidador también debe adaptarse a esta nueva realidad, aprender los cuidados, manejar la incomodidad inicial y respetar los tiempos del paciente. Hablar con naturalidad, mantener el sentido del humor cuando sea posible y reforzar la autoestima del ser querido son gestos terapéuticos en sí mismos.

Además, los cambios en la alimentación, tan comunes en este tipo de cáncer, afectan a toda la familia. Reorganizar las comidas, aprender qué alimentos son mejor tolerados y adaptar los hábitos puede generar frustración o agotamiento. Pero también puede ser una oportunidad para fortalecer el vínculo y encontrar nuevas formas de compartir el día a día desde la empatía y la comprensión mutua.

Desde la psicología, sabemos que el bienestar del cuidador influye directamente en el bienestar del paciente. Por eso, cuidarse no es egoísmo, es responsabilidad. Descansar, pedir ayuda, mantener rutinas propias y permitirse momentos de desconexión son actos de autocuidado que sostienen emocionalmente a ambos. Y si la carga se hace pesada, buscar apoyo profesional puede ofrecer un espacio seguro donde cuidar la mente y el corazón.



Ana López Alonso Psicóloga General Sanitaria M-35894 en Alimentación 3S.

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