AUDICIÓN SANA - 16 de enero de 2026
La salud auditiva también depende de nuestra alimentación ya que influye en la forma en que las células del oído interno funcionan y se protegen del daño. Algunos nutrientes ayudan a mejorar la circulación en la cóclea o caracol, otros actúan como antioxidantes y otros apoyan al sistema nervioso encargado de procesar el sonido. Mantener una dieta equilibrada y suficiente en nutrientes específicos puede ser un complemento importante en nuestros hábitos para cuidar la audición a largo plazo.
A la hora de revisar nuestra alimentación, sabemos que las bases siempre van a ser las más importantes: comer alimentos en su forma natural, mantener horarios regulares de comidas, reducir azúcares y ultraprocesados y potenciar la variedad de alimentos a lo largo de la semana. Pero más allá, existen pautas concretas y específicas con nutrientes esenciales para nuestra salud auditiva. Entre ellos, encontramos:
La vitamina A contribuye al mantenimiento de los tejidos del oído interno, incluyendo las células ciliadas, que convierten las ondas sonoras en señales nerviosas. Una deficiencia puede afectar la función de estas células. Alimentos ricos en este nutriente, son: zanahorias, calabaza, espinacas, mango, melón, hígado…
El estrés oxidativo es uno de los factores asociados al deterioro auditivo con la edad y a daños provocados por ruido. Las vitaminas C y E actúan como antioxidantes que ayudan a neutralizar los radicales libres. Las fuentes alimentarias de vitamina C son los cítricos, kiwi, fresas, pimientos. Y, de vitamina E, son las almendras, semillas de girasol, aguacate, aceite de oliva.
Vitaminas como la B12, B6 y el folato o B9 intervienen en la salud del sistema nervioso. Un buen estado de estas vitaminas contribuye a mantener una correcta transmisión de las señales auditivas. Podemos incluir estos nutrientes a través de los huevos, carnes magras, legumbres, espinacas, cereales fortificados.
El magnesio puede ayudar a regular la función de los vasos sanguíneos del oído y se ha asociado a un menor riesgo de daño por exposición a sonidos muy fuertes. Lo podemos añadir en la dieta a través de los frutos secos, semillas, legumbres, espinacas y chocolate negro.
El zinc juega un rol importante en el sistema inmune. Un nivel adecuado puede ayudar a reducir la frecuencia de infecciones, especialmente en el oído medio. Es un nutriente que presenta déficit en la población de forma sencilla, por lo que deberemos prestar especial atención e introducir en nuestra dieta mariscos (especialmente ostras), carne de res, legumbres, calabaza y anacardos.
Los omega-3 contribuyen a una buena salud cardiovascular, lo que favorece la circulación hacia el oído interno, clave para preservar la función auditiva. Se encuentran en pescados azules como el salmón o las sardinas y en frutos secos y semillas como la chía, linaza y nueces.
Como recordatorio importante, son pautas enfocadas a alimentación y no suplementación, la cual deberá ser supervisada por un profesional de manera individual.
Una buena alimentación no sustituye el uso de protección auditiva ni las revisiones con un especialista, pero sí puede ser un apoyo importante. Comer de forma equilibrada, mantenerse hidratado, evitar el tabaco y reducir la exposición a ruidos fuertes son pilares de una buena salud auditiva a lo largo de la vida.
Mireia Elías, Dietista-Nutricionista Col.MAD00190 y fundadora de Alimentación 3S.
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Alimentación 3S