DIABETES - 16 de enero de 2026
Imagina qué tipo de sensaciones tendrías si una persona te prohíbe terminantemente beber desde la cena hasta la mañana siguiente. Muy probablemente, hayas pasado noches enteras sin beber agua y sin echarlo en falta, pero basta que nos lo prohíban para experimentar una sed irresistible.
Lo mismo sucede antes de una prueba médica que requiere ayuno, o durante el embarazo, cuando los alimentos más restringidos se vuelven, de pronto, los más deseados. El ser humano puede ser contradictorio y el mero hecho de sentir que algo no lo puede hacer, despierta y activa aún más su deseo.
Este mecanismo explica (de forma simplificada) por qué una dieta muy restrictiva puede implicar un aumento del deseo de comer ciertos alimentos, pudiendo incluso desencadenar sobreingestas alimentarias o, en casos más graves, el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria.
Cuando hablamos de diabetes es necesario establecer pautas alimentarias claras para mantener un buen control glucémico. Sin embargo, cuando estas pautas se establecen de una manera rígida o en base a prohibiciones, la relación con la comida y con la enfermedad puede volverse muy difícil. Compatibilizar las pautas alimentarias necesarias con la libertad, disfrute y flexibilidad que caracteriza a una relación saludable con la comida es todo un desafío para las personas que tienen diabetes, así como para su entorno y los profesionales encargados de su tratamiento. Encontrar el equilibrio entre el cuidado alimentario y la libertad es así uno de los mayores objetivos del tratamiento.
Tras un diagnóstico de diabetes, la persona debe elaborar un duelo: aceptar que, de ahora en adelante, necesitará regular sus hábitos y la ingesta de ciertos alimentos.
Cuando este diagnóstico sucede en la edad adulta, normalmente la persona dispone de la madurez emocional para asumir este proceso, tomar responsabilidad sobre su propio auto cuidado y manejar la enfermedad con autonomía. Asimismo, es común que su entorno tienda a respetar sus ritmos y su privacidad: los médicos prescriben, pero no mandan y los familiares acompañan, pero no controlan. Hay un respeto al proceso y adaptación de la persona a la enfermedad.
Sin embargo, esto cambia cuando hablamos de niños y de adolescentes. En estas etapas, la autonomía y la responsabilidad están aún en desarrollo, y el acompañamiento del entorno cobra un papel crucial. A menudo, el miedo de familiares y médicos a las consecuencias de un mal control glucémico conduce a la instauración de dinámicas de control, prohibición e hipervigilancia. En la adolescencia, donde el deseo de independencia está tan acentuado, estas dinámicas suponen un terreno fértil para el desarrollo de conductas emocionales con la comida como el picoteo emocional a escondidas, las sobreingestas o la asociación entre la comida y la culpa.
Lo primero: partir de un duelo
Un diagnóstico de diabetes implica un duelo. Es importante que partamos de esta base para comprender que la adaptación nunca será inmediata.
Acompaña en el aprendizaje
Aprender a vivir con diabetes y asumir las nuevas limitaciones es todo un reto, especialmente para los más pequeños. Tolera que haya momentos donde la diabetes no sea la prioridad, y acompaña para que, poco a poco, lo vaya siendo cada vez más.
Mirada a largo plazo
Un buen cuidado de la diabetes es un objetivo a largo plazo. No esperes que desde el principio la diabetes sea prioritaria en su salud.
Prohibido prohibir. Ofrece alternativas atractivas
Como decíamos la prohibición y restricción genera deseo, frustración, rabia… En su lugar, utiliza la creatividad para incorporar opciones sabrosas, saludables en las que la persona no sienta que “pierde algo”.
Evita que el miedo guíe tus acciones
La preocupación es totalmente natural cuando hablamos de cuidar a un ser querido y se acentúa aún más cuando hablamos de pequeños. Es importante que nosotros también busquemos el apoyo necesario para poder transmitir paciencia y calma en el proceso.
Busca apoyo
Los grupos de pacientes y familiares son una opción fantástica para compartir experiencias, sentirse comprendido y encontrar herramientas.
Redactado por:
Ana Gutiérrez Frutos
N.º. Col. M-33182. Psicóloga General Sanitaria