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Ansiedad y sensibilidad al ruido: cuando el oído se vuelve hipervigilante

AUDICIÓN SANA - 16 de mayo de 2026

Algunas personas empiezan a notar que ciertos sonidos les molestan más de lo habitual, ruidos cotidianos, conversaciones, el tráfico o incluso sonidos suaves. Lo que antes pasaba desapercibido, ahora resulta incómodo o incluso insoportable. Cuando esto ocurre, muchas personas piensan que hay un problema en el oído. Sin embargo, en muchos casos la clave está en cómo el cerebro está procesando esos sonidos, especialmente cuando hay ansiedad.

A este fenómeno se le conoce como hiperacusia, y aunque tiene una base física, puede aparecer o intensificarse en momentos de estrés o sobrecarga emocional.

El oído y el cerebro trabajan juntos

Escuchar no depende solo del oído. El cerebro interpreta constantemente los sonidos y decide cuáles son importantes y cuáles puede ignorar. Cuando estamos tranquilos, muchos ruidos pasan desapercibidos.

Pero cuando hay ansiedad, el cerebro entra en un estado de hipervigilancia. Es como si estuviera “en guardia”, buscando posibles amenazas. En ese estado, sonidos normales pueden percibirse como más intensos, molestos o incluso peligrosos.

No es que el oído funcione peor, sino que el sistema está más sensible.

El papel de la atención y los pensamientos

Cuando un sonido molesta, es normal querer evitarlo. También es habitual empezar a anticiparlo: “Seguro que vuelve a pasar”, “No voy a aguantarlo”. Esta anticipación genera más tensión. Estos pensamientos aumentan la ansiedad y refuerzan la sensación de incomodidad. Se crea así un círculo en el que el ruido genera malestar, el malestar aumenta la atención, y la atención intensifica la percepción y sensibilidad al ruido.

El impacto en el día a día

La hiperacusia puede afectar a la rutina diaria: evitar lugares con ruido, sentirte incómodo en reuniones o necesitar silencio constante. Esto puede generar aislamiento y aumentar la sensación de malestar. Por eso, es importante abordarlo no solo desde lo físico, sino también desde lo emocional.

Estrategias que pueden ayudar

Trabajar la ansiedad es clave para mejorar la relación con el sonido. Algunas herramientas útiles para reducir la hipervigilancia auditiva son:

  • Regular la activación del cuerpo: practicar respiración lenta o técnicas de relajación ayuda a que el sistema nervioso se calme.

  • Exposición gradual al sonido: en lugar de evitar completamente el ruido, reintroducirlo poco a poco ayuda a que el cerebro lo normalice.

  • Cambiar el foco de atención: aprender a no centrarte exclusivamente en los sonidos reduce su impacto.

  • Cuestionar pensamientos automáticos: identificar ideas catastróficas como “no lo voy a soportar” y sustituirlas por otras más realistas.

En algunos casos, el acompañamiento psicológico puede ayudar a trabajar estos aspectos de forma más guiada.

Volver a confiar en el cuerpo

Aunque la sensación puede ser muy incómoda, la hiperacusia relacionada con la ansiedad es reversible. El cerebro puede aprender a filtrar de nuevo los sonidos y a salir del estado de alerta constante.

Entender lo que está ocurriendo ya es un primer paso importante. Con tiempo, práctica y apoyo, es posible lograr una mejor relación con los sonidos del entorno.



Beatriz Gil Adell AO-13041, Psicóloga Sanitaria en Alimentación 3S.

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